martes, 23 de agosto de 2011


La luz es como el agua
Gabriel García Márquez
(De DOCE CUENTOS PEREGRINOS)
En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.
-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena.
Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.
-No -dijeron a coro-. Nos hace falta ahora y aquí.
-Para empezar -dijo la madre-, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
-El bote está en el garaje -reveló el papá en el almuerzo-. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
-Felicitaciones -les dijo el papá ¿ahora qué?
-Ahora nada -dijeron los niños-. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está.
La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al cine. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llego a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces.
-La luz es como el agua -le contesté: uno abre el grifo, y sale.
De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
-Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada -dijo el padre-. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
-¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? -dijo Joel.
-No -dijo la madre, asustada-. Ya no más.
El padre le reprochó su intransigencia.
-Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber -dijo ella-, pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.
En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá, a solas con su mujer, estaba radiante.
-Es una prueba de madurez -dijo.
-Dios te oiga -dijo la madre.
El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel , la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama.
Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.

lunes, 27 de junio de 2011

Video canción QUIÉN: CLICK AQUÍ ! ! !

Por si gustan oír la canción  y ver la banda...

TAREA

Luego de escuchar atentamente la canción QUIÉN y teniendo presente lo discutido en clase sobre el SER y el PARECER

piensa en esto:

  1. ¿Por qué la mayoría de las personas no se animan a mostrarse igual a lo que son cuando nadie los ve?
  2. ¿A qué se refiere el texto con "un buen disfraz"?
  3. ¿Cuál es la solución que propone la canción?
  4. ¿Crees tú que eso sea una solución? ¿Por qué?
  5. La canción dice: "porque con el corazón vemos lo que otros no" ¿qué es lo que el corazón puede ver?
  6. ¿Qué relación puedes establecer entre el título y el resto del texto? 
  7. ¿Qué opinas tú de todo esto?



Recuerden responder el cuestionario en sus cuadernos; la próxima clase, al regreso de las vacaciones, lo corregimos. 
(Disculpen la demora en colgar las preguntas, tuve problemas con la conexión.)

Saludos,
Romy.

domingo, 26 de junio de 2011

¡FELICES VACACIONES!

Lo que hacemos todos los días, nuestra rutina, no nos dice de nosotros más que eso. Apenas si nos distingue de otro. 
Pero lo que hacemos con nuestro tiempo libre: eso sí nos define, nos diferencia. 
Cuando los horarios no me atan y el día no tiene límites ahí se muestra mi esencia, lo que no cambia, lo que nadie más hace como yo. 
Hacer sólo lo que me gusta, ir a donde hace tiempo no podía, soñar despierto, charlar con amigos que la rutina aleja, mirar mi propia ciudad como si fuera un turista, mirar mi vida como si fuera yo mismo y no un robotito que cumple tareas. 
El tiempo libre es un tiempo para encontrarme de nuevo conmigo. 

Aprovéchenlo desperdiciándolo en ustedes mismos, y ¡adiós a la rutina!


F E L I C E S  V A C A C I O N E S ! ! !


Romy.

martes, 21 de junio de 2011

Ante sus dudas:
los temas son los que ya publiqué y también la estructura del relato (situación inicial, nudo, desenlace).

Saludos!

A pedido de Teiu.

FANTASÍA NERVIOSA-                                                   Horacio Quiroga
Juan era de un temperamento nervioso, fatalmente inspirado, y cuyas acciones a fuerza de rápidas e ineludibles, marcaban una inconsciencia rígida en el cerebro que había desprendido la concepción.
Su ser cuadraba una neurosis superior, completa, honda, ardiente, sanguíneamente atávica. Era acaso el sentenciado de una antigua y anónima epopeya de sangre, cuyas estrofas de rubí goteaban sobre su destino.
Tenía las cualidades de un gran criminal: la resolución rápida, abofeteada por una necesidad imprescindible de matar; sus brazos tenían una musculatura heroica, y su cabeza, tocada con cincel rudo, tardaba en pasar de la idea al hecho el tiempo que tarda el puñal en salir de la vaina.
Juan mató, porque tenía que matar. Y mató a una mujer, a la primera que encontró, a las doce
de la noche de un mes de verano.
Corrió furiosamente, dejando tras de sí una puñalada y marcando su carrera con las manchas
de sangre que goteaba su cuchillo enrojecido.
En las calles desiertas resonaba su galope precipitado y jadeante de fiera herida.
Juan fue a un baile de máscaras, y el baile encendió su sangre. Las risas le herían como un
insulto, y las parejas que se movían alrededor suyo se burlaban de él. Las colgaduras rojas eran manchas de sangre coaguladas en la pared, y sus ojos se bañaban en una visión de púrpura.
Era siempre la necesidad diatésica de matar. Y Juan mató a una máscara con quien fue a cenar, y la dejó tendida sobre el diván, con el pecho abierto, manando borbotones de sangre que iban a empapar un ramo de rosas pálidas que llevaba prendido al seno.
Juan se acostó y apagó la luz; y en la oscuridad veía sangre, una lluvia de sangre que mojaba su cuerpo. Sentía un furor desesperado, con deseos de volver al restaurante y apuñalar a aquella mujer que seguramente no debía estar muerta.
La carne le enardecía, como un manto punzó tendido ante un toro. Deseaba herir, desgarrar, clavar su puño en una herida abierta para agrandarla más. Una vaporización sanguinolenta flotaba ante sus ojos, hostigándole como un horizonte insalvable. Sus fosas nasales se abrían en una aspi- ración húmeda y caliente, y sus oídos vibraban en una audición de sangre brotando en oleadas.
Poco a poco, la bruma sangrienta fue desvaneciéndose y la excitación pasó, Juan pudo
conciliar el sueño y se durmió.
Hacía mucho tiempo que había cerrado los ojos, cuando se despertó con una angustia indecible. Había sentido que le llamaban con una voz lejana que iba acercándose hasta llegar a la puerta.
El conocía esa voz: era la voz de una muerta que había dejado tendida en el diván, a la que
había asesinado. La muerta resucitaba y se acercaba lentamente a su cama, lentamente...
Sus cabellos se erizaban, y su garganta no daba paso a un sonido. Se recogía cuanto le era posible en la cama, y su expresión contraída delirantemente por el terror, daba de bruces sobre la almohada.
La puerta chirrió como si se abriera, y sintió un ruido de pasos vedados, cada vez más perceptibles. Se detuvieron al lado de la cama y un soplo glacial cayó sobre su cara, en tanto que una mano helada se posaba sobre la suya y la elevaba irremediablemente hasta un agujero, viscoso como sangre coagulada.
Juan dio un grito de horror y abrió espantosamente los ojos.
La visión escarlata había desaparecido. Todo era negro, sombríamente opaco, en cuyas ondas
se sacudía -como el revoloteo de una ave agorera- su digna estrangulada de arterioesclerótico.
Y en seguida sintió un cuerpo frío que se deslizaba al lado suyo, y sintió a la muerta que le comunicaba su hedor y rigidez, y su brazo que no podía apartarse de aquella herida abierta y húmeda.
la muerta se apoderaba de su carne, sin que todo el horror desesperado pudiera separarle de ella. Y sintió una cara inerte que se dejaba caer sobre la suya, y aunque quiso apartarla no lo pudo conseguir.
Juan pasó toda la noche acostado con una muerta que apoyaba la cabeza en su pecho y sin
poder separar la mano de la herida que él había abierto con el puñal.
¡Así pasaron una hora, dos, tres, loco de terror, delirando constantemente, y siempre la
muerta a su lado!
Al otro día hallaron a Juan, muerto en la cama, con una puñalada en
el pecho. Su rostro tenía una expresión de locura horrorizada; y en el cuarto, que revisaron
por todos lados, sólo hallaron un ramo de flores pálidas manchadas de sangre.

domingo, 19 de junio de 2011

Aprender ES divertido

El Maestro Oscar Cabrera con sus alumnos ha ganado varios concursos de Clubes de Ciencias. Fue maestro en la Escuela 11 de Melo (escuela de contexto crítico con 1000 alumnos) y, simultáneamente, maestro de informática en la Escuela 87.
 Acá les paso algunos pocos mensajes recibidos por el maestro, de una  selección mucho mayor, que según él, un día va a publicar:
Maestro: Después de saludarlo le comunico que hoy no boy porque meduele la cabeza y la barrija de unos guevos fritos rebueltos con pollo, ensalada, mayonesa con poroto con fariña boniato y arroz con  leche que comí. Mi madre me hizo un te de carqueja si no mejoro me  yebará al dotor porque puede ser apeniciti. Bairon.
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Señor : Pedro no va a la escuela por que tiene gómitos impulsivos de unos aperiás con porotos y moñatos que se comió.
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El Nelson va tarde porque tuvo que dar vuelta que se le olvido la XO en el cagón.
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Maestro: Desearía que si mañana hay canto porque la profesora falta  bastante, no la deje cantar porque le duele muncho la garganta, y que  no vaya a la gimnasia porque anda con un mal yeito en un tendón de un  porraso que se dió, que no la deje jugar al balón, ni tomara agua fría  que le sige doliendo la garganta y que tampoco la mande a sentar muy  atrás porque no ve nada, y que no se siente con el Nelson porque le  roba los colores , o con el Robinson que le come la goma ni con Ana  porque le enseña palabrotas y menos con Halizon que está yena de  piojos y la contagia.
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La Cecilia no fue a la escuela esta semana porque anda putiando por  la caye y no ay quien pueda con ella. Si la reto me amenasa con ir al  INAME y si la dejo haser lo que quiera el INAME dise que no la cuido. Que hago? Podía venir usted a buscarla.
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Carlitos no yeva los ranacuajo que le pidió porque las canaletas solo tienen agua podrida, pero le lleva ese perrito que pa estudiarlo  debe ser igual.
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El Bruno no encontró los renacuajos, en su lugar le lleva esa araña que también tiene meta morfinosis porque  a los huevos los tiene en una bolsita
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Maestro la Noelia inventó que teníamos campo en Arbolito porque quería medir el viento con usted, pero es mentira solo tenemos una vaca, y si sigue diciendo eso la voy a moler a palos porque me van a  sacar el Plan de Mergencia.
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No le voy a levantar la XO a Nicolás porque no me hace caso ni me  respeta. Que se quede sin computadora denla para otro niño de esos que  no tienen células.
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 Mire maestro que Robinson le comió la merienda a Sabrina solo por  joder y no porque estuviera muerto de hambre. El padre está en Haití  pero cuando venga lo acomoda, ahí le mando un pan con mortadela.
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Cuando saqe una quinela con la plata del plan le pago todo el año la fomento.Menos mal que uste no pide plata pa fotocopias ni pa los viages porque sino se hiba a quedar alfabeto, poque mi compañero está  sin trabajo y no tenemos mas remedio que ir juntando en la basura para  poder sustituirnos.
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Lo más hermoso que viví este año fue la entrega propia para mi demi computadora sabés lo que es tener un computadora propia que yo le  pedía a mi padre que me comprara una y me decía si te la voy a comprar  cuando las gallinas crien diente y mi hermano más chico a veces  revisaba un pollito que tenía para ver si no le estaban saliendo los  dientes!!!
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